“El problema no es / si te buscas o no más problemas / El problema no es de quién vino y se fue o viceversa / El problema no queda en la gloria / ni en que falten tesón y sudor. / El problema vital es el alma / El problema es de resurrección / El problema señor / será siempre sembrar amor”.
Silvio Rodríguez
El problema no es si el glifosato contamina (aunque lo haga) el problema es compartir la utopía de Monsanto y de Cargill.
Esa utopía que cree que la naturaleza, la tierra y las semillas pueden ser manipuladas por el hombre y el capital inde_nidamente por el mero lucro. Un mundo donde un solo grupo reparte a lo largo y ancho del planeta las semillas y los fertilizantes, dice cómo y qué sembrar para que otro lo haga y ellos lo compren y vendan. Es decir, ellos ponen todo menos la tierra el trabajo y el riesgo. Y así están al principio y al _nal de la cadena y poniendo las reglas de juego mientras destruyen para siempre la tierra, que es una y no hay ya otra más que arruinar. Un mundo donde los que ganan son siempre los mismos, y no somos nosotros. En la utopía de Monsanto y Cargill no gana nadie, sino Monsanto y Cargill. Todos quedamos afuera de ese mundo, incluso los que piensan que son parte.
El problema no es que Clarín mienta (aunque lo haga) el problema es compartir la utopía de Clarín.
Esa utopía que no sólo piensa pensar por nosotros, sino que quiere construir una democracia basada en el imperio de su propia prepotencia. Pretende controlar la circulación de todo discurso sobre la vida en nuestro país al punto de considerar cargo menor la presidencia del mismo. El mundo donde la posibilidad de la palabra tiene precio y condición. Un mundo donde los que ganan son siempre los mismos, y no somos nosotros. En la utopía de Clarín no gana nadie, sino Clarín. Todos quedamos afuera de ese mundo, incluso los que piensan que son parte.
El problema no es que no hay crédito para vivienda (aunque no haya) el problema es compartir la utopía de Rosental.
Esa utopía basada en la concentración de la tierra, en el derecho inconstitucional de cerrar parte de una ciudad y en la acumulación especulativa de suelo para comerciar en la bolsa. El problema es creer que el urbanismo es un negocio (y que el gobierno de turno acompañe) y actuar en consecuencia. La utopía de Rosental y todos lo que especulan con el suelo duerme tranquila con_ando en que nadie nunca va a preguntarse ¿de qué uno es el suelo que pisamos todos? Sin esa tranquilidad no podrían abrir paso a su utopía día tras día moldeando la ciudad a su imagen y semejanza. Una ciudad que toma la forma de su nueva aristocracia mientras nos expulsa a todos de ella. Un mundo donde los que ganan son siempre los mismos, y no somos nosotros. En la utopía de Rosental no gana nadie, sino Rosental .Todos quedamos afuera de ese mundo, incluso los que piensan que son parte.
Ningún proyecto de territorio, es decir de País, de Provincia o de Ciudad puede con_ar de estas utopías. Mucho menos estar basada en ellas. No puede tampoco intentar siquiera amoldarse a ellas. A estas utopías, parafraseando el Che, “ni tantito nada”. ¿Por qué? Simplemente porque lo que está en juego no es solamente nuestra propia vida, sino las condiciones mismas de posibilidad de la vida.
Porque cualquier utopía necesita un espacio físico de realización. Y por eso la guerra que se desata. “Sí, las guerras ahora no se conforman con conquistar un territorio y recibir tributo de la fuerza vencida. De manera simultánea a la destrucción y el despoblamiento, se opera la reconstrucción de ese territorio y el reordenamiento de su tejido social, pero ahora con otra lógica, otro método, otros actores, otro objetivo. En suma: las guerras imponen una nueva geografía.” Dice el sub comandante marcos. Y por eso el EZLN hace lo que hace y de la manera que lo hace.
Es nuestro deber pues, y el de muchos otros, no sólo atacar estas utopías, mostrar su verdadero carácter sino construir la nuestra propia. Mostrar que es posible otro modelo. Y hacerlo aquí y ahora. En este espacio y en este tiempo.
Dicen que Cargill a la hora de pensar y diseñar sus estrategias de mercado, dónde, cómo y con qué seguir expandiéndose, utiliza un mapa físico del mundo. Es decir, un planisferio donde no existen fronteras, países o estados. Solo mares, ríos, montañas y llanuras. Y en base a eso, sin importale lo que “realmente” hay allí, inicia su avanzada. Luego verá cómo se llama esa ciudad, ese país y que tipo de gobierno opera. Es secundario. Porque si hay que desviar un rio o ensancharlo lo hace. Si hay que operar entre fronteras, se hace. Y si hay que llevar un tipo de cultivo a un lugar que nunca supo de eso, porque tiene las vías de acceso que abaraten los costos de traslado. Va e impone el cultivo. Casos sobran, y de hecho en nuestra provincia un ex gobernador puso en sus sueños la utopía de Cargill cuando dijo “el Paraná es una ruta, hay que convertirlo en una autopista”. De eso se tratan las utopías.
Es por ello que hoy, la lucha no se centra exclusivamente en el estado nacional sino que cada territorio es susceptible de ser trasformado. Para bien, o para mal. Eso depende de que utopía la transforme. Dicen que las ciudades toman la forma del desierto al que se oponen, es momento entonces de contrastar esas Utopías. Quien las tenga que las muestre. Quien quiera oir, que oiga.
Eso son los 6 puntos para la Ciudad Futura.
0.
Revolución urbana
Contra la gestión técnica administrativa, concepción que, además de ser atemporal, no cumple, efectivamente, con el deber de gobernar ni resuelve los problemas fundamentales de la sociedad actual. Los estados son parte del botín que pretenden las corporaciones, por lo tanto, debe tomar y proponer métodos de lucha junto a las sociedades civiles. Debe establecerse a si mismo nuevos objetivos (nuevas secretarías, áreas y dependencias, una nueva forma de organización) para hacer cumplir las responsabilidades que otros estados o corporaciones no cumplen.
Lejos de desestimarlo, el estado municipal es quien primero debe asumir la responsabilidad de hacer cumplir responsabilidades. Es quien tiene los problemas mas concretos. Convive con ellos, en el mismo territorio que gobierna.
Por ende, debe asumir todas las responsabilidades de la vida urbana y rural que lo componen. En cuanto a el depende y de lo que no dependa también.
1.
Creemos que hay que Recuperar el Poder Público ante las corporaciones privadas para comenzar
Plantear la recuperación del poder público es contestar la pregunta acerca dónde está el poder. Es la urgente necesidad de desnaturalizar las actuales relaciones y realidades más injustas que nos tocan vivir. Es poner en cuestión la legitimidad de las corporaciones económicas como principal agente de nuestras vidas. Es ponerle límites, frenos, o directamente darle muerte a la permanente conquista y destrucción del territorio por parte de las corporaciones. Es terminar con los lobbys y sus “fundaciones”. Es rescatar el rol del estado en las esferas cada vez más invadidas por los monopolios y que, casualmente, son donde se juegan nuestros derechos básicos. La tierra, la vivienda, el agua, la comunicación.
Es discutir la indiscutible idea de que una ciudad, una provincia, un país, un territorio debe ser “competitiva y atraer inversiones” para crecer. Y que de esas inversiones dependemos todos. Es, en definitiva, plantear los interrogantes de un modelo distinto y sugerir caminos a recorrer. En la Ciudad Futura lo público siempre está primero y no se negocia jamás, auque la oferta sea tentadora para las pragmático.
No hay poder privado, dicen en la Ciudad Futura, que pueda más que un territorio organizado.
2.
Reclamar nuestro Derecho al Territorio al Poder y al Gobierno para decidir
Para consolidar a la política como asunto de todos y para terminar con la idea de que, como dice nuestra constitución nacional “el pueblo no gobierna, ni delibera sino a través de sus representantes”. Para construir una democracia real que garantice los derechos de todos.
Es el territorio como bien común contra la idea de la tierra como mercancía y la critica al modelo de “participación ciudadana” donde los consensos se limitan a lo administrativo y las verdaderas decisiones son impuestas por las corporaciones que gobiernan la ciudad.
Pensar al territorio como derecho nos lleva directamente a la idea de tener voz y voto en el destino de ese territorio y su posibilidad de ejercer un poder distinto que lo gobierne, que lo preserve, lo cuide y lo proteja. En la Ciudad Futura la tierra es de todos y no existe un uno que decida por nosotros.
Es, no solo cambiar el orden de las prioridades, sino también interrogarse acerca del “cómo” hay que hacer lo que hay que hacer.
Preguntan los que debaten en la Ciudad Futura como hacían antes que nadie les preguntaba nada y hacían por ellos. Dicen también, que nunca vieron a tantos hombres y mujeres haciendo tanto.
3.
Debemos construir un nuevo paradigma donde la Seguridad Territorial y no la propiedad brinde las condiciones para la vida digna
Como uno de los núcleos duros de nuestro pensamiento, la Seguridad Territorial es un giro copernicano que interpela de lleno no sólo el modo de vida actual sino fundamentalmente la base misma de la sociedad capitalista. Al mismo tiempo plantea alternativas que vayan en camino de construir ese nuevo paradigma y que, fundamentalmente, pueden ser aplicadas en el marco del sistema actual.
Que es lo que le da seguridad hoy a las personas? O, mejor aun, ¿que es lo que las personas piensan que les da seguridad? décadas atrás, una fuerza bruta llamada liberalismo trajo consigo el lema que rezaba que la propiedad era la fuente de toda seguridad. Hoy, la privatización de la vida en su totalidad, y la concepción de que todo ciudadano es un cliente potencial termina por cerrar la utopía de esta forma de pensamiento y dominación de territorios. El mundo globalizado no es mas que un montón de partes que rezan un “sálvese quien pueda”. “Quien pueda” debe ser propietario. Quien pueda tiene salud, quien pueda tiene educación.
Para nosotros, la seguridad no es eso. Lo que nos brinda seguridad a los hombres y mujeres es la construcción colectiva de un territorio común. La palabra seguridad debe ser sinónimo de cercanía, confianza, solidaridad, cooperación. La seguridad territorial es una nueva institucionalidad donde hacer pié para la reconstrucción del tejido social desde una perspectiva emancipadora.
Hay quienes aseguran que ya no recuerdan, en la Ciudad Futura, como era eso de que cada uno vale por lo que tiene.
4.
Podemos reemplazar el modo de vida basado en el consumismo para apostar por el Buen Vivir para las mayorías
Plantear la necesidad del Buen Vivir como paradigma responde al agotamiento de un modo de vida basado en el consumo como pilar fundamental. Una práctica que lejos de satisfacer necesidad se volvió en nuestras sociedades un fin en si mismo. El consumo por el consumo no sólo no es sustentable y mucho menos accesible para todos, sino que implica un mundo sin objetivo, sin sentido. Y una propuesta de vida acorde a ese sinsentido. La mega producción de productos para el ultraconsumo agota la capacidad del planeta, el crecimiento por el crecimiento de la economía es inviable.
Las preguntas por el buen vivir apuntan de lleno al “sentido de la vida” y el “desarrollo y el crecimiento”. ¿Una ciudad necesita o puede, crecer continuamente? ¿No debemos interpelarnos acerca de qué queremos de nuestros territorios? Mejores seguro, más dignos también. ¿Pero más y más grandes? ¿Ciudades de cientos de millones de personas y pueblos vacíos? ¿Un país centralizado en dos o tres megalópolis del poder? ¿Vale la pena vivir en un mundo así? ¿En que mundo queremos vivir? es la pregunta colectiva a la que invita el buen vivir.
Dicen que quienes viven en la Ciudad Futura solo saben de encontrarse y compartir lo que cada uno tiene. Dicen también, que nadie vio seres con tanta riqueza.
5-
Que exigimos Libertad de Movimiento, de Acción y Pensamiento para el desarrollo humano
Exigir libertad y construirla es la tarea permanente del hombre en la historia. La ciudad, el mundo actual que fragmenta y excluye impide cada vez más el encontrarse, compartir y reconocerse en el otro. La segregación territorial mediante la expulsión y el desalojo y la movilidad y planificación “centrificada”, la persecución al distinto y la privatización de la comunicación y la libre circulación de la información son los pilares de actual estado de cosas y el reaseguro del statu quo.
Construir una Ciudad Futura múltiple, plural, conectada y sin persecuciones de ningún tipo, donde la información y el conocimiento fluyan y sean parte constitutiva de las nuevas subjetividades, donde el desarrollo humano se basa en la solidaridad y la colectividad en lo múltiple es el desafío.
Afirman los que duermen en la Ciudad Futura que al día siguiente no habrá hombre y mujer que llegué y no sea bien recibido.
6.
Que proponemos la Autonomía Alimentaria para terminar con el hambre y desarrollar un consumo sano, justo y responsable
Romper con la antinomia campo-ciudad, con el rol pasivo y consumista de la ciudad y desmitificar la incapacidad de la ciudad de producir alimentos es la apuesta de la Ciudad Futura. El perverso modelo del agronegocio basado en el monopolio de las grandes corporaciones del transgénico y la centralización en pocas manos de la cadena productiva genera un campo sin campesinos y pocos, malos y costosos alimentos para la ciudad. El esquema global del alimento como mercancía es tal vez la batalla más estratégica que debemos asumir. Desde la Ciudad Futura proponemos una alianza comprometida entre la ciudad y los movimientos campesinos que sumado a la función social de la tierra urbana y el área metropolitana para producir alimentos, puede acabar con el hambre en las ciudades y fortalecer a las comunidades campesinas en su heroica lucha por no ser arrasadas por las corporaciones y junto con ellas las posibilidades mismas de la vida en al tierra.
Dicen que en la Ciudad Futura no habrá quien no tenga un pedazo de tierra para producir y alimentarse rico, y que el hambre será un mal recuerdo pero siempre presente para seguir trabajando.
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